Periodismo científico: reconocer el bosque nativo para nutrir las historias
Esta tarea que hemos expuesto para el periodismo científico, es una de las motivaciones principales de este proyecto: acercarnos al suelo, al bosque nativo, al contexto local para mostrar el diálogo de los saberes.
El tender este puente implica un reto no menor: conjugar los tiempos de la ciencia, de las comunidades y del ejercicio periodístico.

¿Cuáles son estos tiempos?

Los saberes académicos requieren de tiempos mayores para su desarrollo, el contexto de la pandemia nos demostró o nos recordó que son procesos que no son comunicables a tiempo real, que el intentar explicar cada paso en la urgencia es contraproducente con los principios de precisión y veracidad de la información.
Por otro lado, los saberes ancestrales requieren de un tiempo de convivencia, como lo expresó Ofelia Salazar en la primera charla: los métodos de los saberes ancestrales tienen dimensiones que son difíciles de explicar si es que no se viven, haciendo un llamado al periodismo a acercarse y a convivir con las comunidades para entender los contextos locales y culturales.
Y, ¿los tiempos del periodismo? En la conexión global en la que vivimos, con los desarrollos tecnológicos que nos han acostumbrado a la inmediatez, el periodismo tiene también las presiones de la urgencia de respuesta. A veces esa inmediatez está marcada por un afán de reconocimiento, de ser el primero en dar la noticia; allí es donde nuevamente el contexto de la pandemia nos cuestiona sobre estas prácticas y sus efectos.
Si bien la generación de información inmediata respondía a la necesidad de las audiencias. Por eso, esa conjugación de tiempos tiene que ver con los dos modos de hacer periodismo científico: lento o rápido.
Esta distinción la presenta Daniel Mesa como una herramienta imprescindible para conjugar esos tiempos.

El periodismo (científico) rápido

Es importante, pero no siempre es bien usado. Redactar varias noticias en un día puede verse descrito perfectamente en el cliché “un mar de conocimiento con un centímetro de profundidad”, y sirve para dar contexto de lo que acontece ahora mismo en términos muy generales. Quienes lo practican, deben ser conscientes que así como ventajas, tiene sus riesgos.
Apresurarse puede ser un camino directo a fallar en la interpretación de los hechos científicos o dejar una cobertura incompleta. A veces, la presión del editor, la competencia frente a las redes sociales y medios de comunicación rivales, acaban siendo grandes conspiradores contra la calidad de reporteo.
Esto no significa que reportear velozmente sea malo; tener una noticia antes que otros es una gran ventaja para la visibilidad de tu medio. El principal reto es encontrar el balance entre la logística y recursos humanos con los que cuentas para evitar que se produzcan vicios como la desinformación y la falta de rigurosidad.
En ciencia, el uso de las famosas “últimas noticias” o “noticias de último minuto” (en inglés, breaking news) son raras y debe evaluarse su uso caso por caso. Y si las noticias son cortas y aluden a un avance o investigación en particular, no se puede olvidar el sentido crítico de las mismas.
Ejemplo correcto:
Ejemplo incorrecto (desinformación):

El periodismo (científico) lento

Se le denomina así porque toma tiempo, no se resuelve en un solo informe y su elaboración puede durar desde días a meses.
Por lo general, cuenta con muchas fuentes, una amplia investigación y un equipo posiblemente más grande que el que se requiere para el periodismo rápido. Puede valerse de los formatos informativos, pero también se puede emplear la narrativa y los escenarios cinematográficos (aunque se trate de un relato escrito) e incluso de personajes alrededor de los cuales gira la historia.
Todo periodismo científico necesita del componente crítico, la contrastación de las informaciones, y de la diversidad de fuentes, pero este tipo de periodismo lo requiere aún más. Por ejemplo, un artículo sobre biotecnología, las leyes que la regulan y cómo ésta impacta a los agricultores de un país andino requerirá de más de tres tipos de fuentes representativas: agricultores, tomadores de decisiones (políticos), investigadores expertos en biotecnología y/o innovación agrícola, representantes de agremiaciones del sector, grupos de interés a favor y en contra de los avances.
Un reporte que no incluya a todos los participantes de una problemática, podría quedar incompleto.