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Los vientos alisios viajan con el agua que recogen de fuentes hídricas de la Amazonía para alimentar, hidratar y llevar la fuente de vida de un lado a otro.
Los vientos alisios viajan con el agua que recogen de fuentes hídricas de la Amazonía para alimentar, hidratar y llevar la fuente de vida de un lado a otro. Nuestros son una materialización de este fenómeno que fortalece al periodismo, alimentándolo y regándolo con los nutrientes de la ciencia académica y de la ciencia ancestral, en un momento crucial en el mundo: la pandemia por Covid-19.
Vientos Alisios, entonces, es un curso de periodismo científico creado por la para comunicadores, comunicadoras y periodistas de medios locales en Ecuador, Colombia y Perú, dictado entre octubre de 2021 y febrero de 2022, y que ahora presenta esta guía colaborativa como fruto de las distintas lluvias que permitieron este crecimiento.
¿Qué es y para qué una guía colaborativa de periodismo científico?
¿Qué significa esto para las y los periodistas? Tienen que prepararse mejor y tienen que buscar el diálogo con las ciencias. Publicar información relevante y verificada. En el fondo, ante la crisis, el rol del periodismo es el de siempre: investigar, separar lo veraz de lo falso, informar.
Pero en muchos lugares de Colombia, Perú, Ecuador y de otros países de la región, no solo hay periodistas profesionales, sino comunicadores comunitarios. No solo hay hospital, sino medicina tradicional. Y no solo hay científicos académicos, sino sobre todo hay sabedores y sabedoras ancestrales. Son distintas realidades y distintas formas de enfrentar la pandemia, y la infodemia.
Vientos Alisios invita a un dialogo entre estas realidades y quiere explorar formas de comunicación, en las que todas y todos pueden participar: periodistas y comunicadores, científicas y sabedores.
¿Cómo hacerlo? ¿Podemos encontrar un lenguaje común? De esto y muchas otras cosas más hablaron las personas convocadas por Vientos Alisios. Fue un experimento, y demostró que sí es posible este diálogo. Y para que estas palabras no se pierdan, para que puedan servir a otras y otros, algunos aprendizajes y algunas recomendaciones se fijaron en esta guía para un periodismo científico colaborativo, abierto e intercultural.
Matthias Kopp Program director Colombia South America | Media Development
Los frutos de las distintas lluvias que regaron el proceso se materializan en esta Guía que busca fortalecer al periodismo, alimentándolo y regándolo con los nutrientes de la ciencia académica y de la ciencia ancestral, en un momento crucial en el mundo: la pandemia por Covid-19.
Esta guía permanecerá abierta para seguirse nutriendo de los aprendizajes y los interrogantes alrededor del periodismo científico, después de la pandemia.
Junto con la pandemia, la infodemia. Todo el mundo publica, sin filtro: verdades, mentiras, especulaciones. Y todas y todos buscamos información veraz, porque en la pandemia es un asunto de vida y muerte. Por ello, muchas personas volvieron a los medios tradicionales – el noticiero de televisión, la radio, el periódico – eso revela un realizado en Colombia durante la pandemia. Pero poco se confía en la información de los medios. En cambio, mucha gente confía en lo que dicen los científicos.
es un curso de periodismo científico creado por la para comunicadores, comunicadoras y periodistas de medios locales en Ecuador, Colombia y Perú, dictado entre octubre de 2021 y febrero de 2022.
Los vientos alisios soplan hacia distintas regiones según el hemisferio, pero cumplen una misma función: impulsar a los ríos voladores para generar lluvias que nutran el suelo para la salud de fauna y flora.
Podemos seguir con la analogía, ya que, si bien la ciencia académica y la ciencia ancestral parecen soplar en direcciones distintas, ambas aportan a la salud integral en todas las regiones y cumplen funciones imprescindibles que –en conjunto– forman un proceso integral.
Considerar aquello desde el periodismo es lo que permite, sin duda, que estas aguas aéreas permitan un crecimiento sostenible e interdependiente, unas respuestas compatibles que nutren el suelo que compartimos.
La pandemia por COVID-19 nos ha mostrado una problemática compleja para el periodismo: al ser un problema global, las fuentes de información tienden a volverse generalistas para explicar el fenómeno y, en algunos casos, olvidan las respuestas o procesos locales que son los que, en últimas, permiten llegar a nuestras comunidades cercanas, a nuestros públicos.
Es necesario entender que la contextualización de un problema, por más amplia que sea su escala, es medular para informar y potenciar el diálogo entre las comunidades a las que nuestro medio se dirige. Con ello en mente, no es posible desarraigarnos de las historias, experiencias y conocimientos de lo local, que son diferentes a las de otras latitudes por las mediaciones sociales, culturales y ambientales que nos caracterizan y que nos dan dimensiones diversas sobre las problemáticas que vivimos.
A partir de los diálogos que hemos tenido en este recorrido, podemos detallar ciertos retos y experiencias que ha vivido la academia, la ciencia occidental en el contexto de la pandemia. Estamos en un tiempo que ha acelerado su quehacer y que, al juntar todas las voces que requerían respuestas, ha puesto en el centro de la agenda sus procesos.
Aunque la ciencia parte de la duda, la urgencia de respuestas nos puso en un escenario de exigencia en el que tuvimos que reaprender que la incertidumbre científica no solo es válida sino que es una de sus características al ser dinámica, de hecho, es la incertidumbre la que permite plantear nuevas preguntas o buscar nuevas formas de responder a preguntas anteriores.
Esta característica que teníamos olvidada, sumada a la vorágine de preguntas y datos que cambiaban día a día, incidió en el cuestionamiento de la ciencia académica y su capacidad de respuesta: un ejercicio legítimo, pero, a la vez, un factor de riesgo que dio paso a la desinformación y a la profundización de posturas que atentaron contra la salud pública.
Es necesario anotar que la ciencia académica y la medicina moderna tienen que garantizar principios, métodos que puedan replicarse y una claridad ética que transparente esta información a la comunidad en general.
La pregunta a resolver debe ser clara, explícita y pública.
Debe exponer las motivaciones, el para qué se realiza la investigación.
El método de resolución de esa pregunta también debe estar explícito, para poder replicarlo, así como para monitorear los resultados y sus posibles cambios.
Los resultados se comparten entre pares, en la comunidad científica, para crear diálogos, cuestionamientos, preguntas que den validez o refuercen la argumentación de ese conocimiento generado.
Con esta claridad es que podemos comprender mejor ese desajuste de tiempos y respuestas que hemos vivido en la pandemia y donde resalta el hecho de que la ciencia académica tuvo que exponer sus procesos a tiempo real no solo a sus pares sino a toda la comunidad.
Esto puso en evidencia ciertos retos y necesidades:
La necesidad de crear puentes más cercanos que permitan una comprensión mayor de sus procesos y faciliten los modos de informar con menores riesgos de imprecisión o tergiversación.
El reto de volver a acercar la ciencia académica a la comunidad, que, en palabras de Sofía Cabrera: “incluso puede ver a la ciencia básicamente como muy externa a la cultura, cuando la ciencia es muy parte de la cultura, es parte de lo que nosotros somos”. Esto último resuena con que, al reconocer abiertamente las incertidumbres, se humaniza a la ciencia, se vuelve a comprender que detrás de cada desarrollo existen seres humanos, con dudas, con errores y con limitaciones.
Reforzar que la ciencia es dinámica, móvil y cambiante, para que su credibilidad no se vea minada cuando sus datos cambien; que los resultados que varíen no se perciban como un fallo, sino como un avance en nuevas respuestas.
Reconocer la interdependencia de saberes, clarificar, evidenciar y validar el modo en que los saberes ancestrales son indispensables para los avances de la medicina moderna, de la ciencia occidental.
Fortalecer la intersección entre investigación científica básica y los cambios de comportamientos en salud; es decir, fortalecer la medicina traslacional que permita que los conocimientos científicos sean trasladados a comportamientos y a transformar la forma en la que se comportan las enfermedades.
Los saberes ancestrales trabajan, esencialmente, en tres sentidos: la interacción entre el ambiente, las personas y la tierra. Lo que implica una comprensión multidimensional de la relación con la naturaleza. Sus métodos no pueden validarse con los occidentales, porque su construcción está mediada por sus prácticas culturales colectivas y de memoria.
Este método, además, tiene fuerte relación con las formas organizativas de cada comunidad en la que las autoridades indígenas definen planes de acción y mecanismos de implementación que incluyen la preparación de los remedios propios y las guías de cuidado a niveles espirituales, educativos, de alimentación. Uno de los ejemplos más dicientes sobre la importancia e incidencia de la organización y liderazgo interno en el cuidado de la salud de los pueblos fue la movilización de la Minga indígena en Colombia.
La Minga se trasladó desde las comunidades hacia Bogotá, lo que generó temores respecto de las aglomeraciones y, por tanto, del incremento de contagios por Covid-19. Sin embargo, la movilización demostró unas prácticas rigurosas de autocuidado, de implementación de mecanismos para evitar el contagio (como la agrupación por conocidos o familiares) y la aplicación de medidas de bioseguridad.
Al igual que los saberes académicos, los saberes ancestrales enfrentan una serie de retos en los que el periodismo científico puede intervenir:
Incidir en el reconocimiento de la diversidad étnica y cultural, de las cosmovisiones que se unen a las condiciones territoriales y que complejizan las prácticas de sus saberes.
Evitar la fuga de conocimientos ancestrales; es decir, compartir los saberes en una generación de reciprocidad para que se reconozca su valía y no se aprovechen de ellos empresas multinacionales ni las corrientes de las “pseudociencias”.
El reto de encontrar modos de documentar los saberes para poder transmitirlos y compartirlos de mejor modo.
Fortalecer sus conocimientos comunicativos y sus enlaces con medios para poder explicar sus contribuciones y luchar contra la desinformación estigmatizante.
Fortalecer los procesos de integración con servicios de salud para incidir en mejores prácticas de salud intercultural.
El encuentro de saberes no es una ilusión, es una realidad concreta porque coexistimos y nos nutrimos de ambos conocimientos. Lo que se clarifica en la identificación de retos y necesidades es que aún falta visibilizar esa interdependencia y es ahí donde los vientos alisios soplan en una misma dirección: la mejora de la calidad de vida a partir de la conjugación de métodos y conocimientos, en un reconocimiento local, territorial y cultural.
Desde ambos modos de desarrollar conocimientos, se plantean respuestas válidas y complementarias, aunque partan desde métodos y estructuras diferentes. El contexto de la pandemia permitió volver a mirar que uno de los factores comunes de ambos saberes es su vulnerabilidad, su fragilidad, una grieta que nos mueve a cuestionar la aparente distancia entre ambas, pero que al acercarnos nos muestra un camino conjunto.
Esta realidad nos remite al descubrimiento de la forma de comunicación que tienen los árboles por medio de sus raíces, esa interconexión que no es visible en la superficie, pero que se conecta, alimenta y comunica para fortalecerse. Como los árboles, los saberes están entrelazados y comunicados, aunque los veamos separados el uno del otro, y allí es donde el periodismo científico tiene la tarea de mirar por debajo de la superficie, de encontrar las raíces conectadas y contar las historias de este intercambio de nutrientes.
En las distintas en el marco de este proyecto, abordamos la complementariedad de saberes académicos y saberes ancestrales, ese encuentro de saberes que posibilita la comprensión de la diversidad que habita el mundo. En esta parte de la guía presentamos un subtítulo dedicado a cada uno, bajo el entendimiento de las diferencias de sus métodos y para analizar los retos que enfrentan, una descripción necesaria por sus particularidades. Desde ese punto de partida, abordamos el modo en el que siempre han estado entrelazadas, resaltando sus encuentros, su interacción y su interdependencia.
La transparencia tiene un proceso, sigue unos pasos definidos que nos ayuda a identificar:
explica el método del cateo y el modo en el que se implementó en la pandemia:
Al respecto, , que dio seguimiento a la movilización, apunta:
Al inicio de esta guía incluimos una cita de en la que resalta cómo los desarrollos farmacológicos de la ciencia occidental son inseparables de los conocimientos de los saberes ancestrales.
En el proyecto hemos abordado cuatro grandes temas que competen al periodismo científico, para poner en contexto las necesidades que deben trabajarse y las herramientas, técnicas o ideas que permiten elaborar las historias, presentar la información y responder a los retos que requerimos cubrir para tender el puente y comprender cómo se nutren los saberes, respondiendo al compromiso social que tiene el periodismo frente al derecho a la información.
Hemos pensado en cada uno de ellos como un ecosistema de herramientas periodísticas, donde:
los conceptos son considerados como semillas,
las reflexiones derivadas de las charlas son el abono,
los ejemplos o fuentes nombrados son la hidratación que nos anima a crear
y los modos de alcanzar a diferentes audiencias se nombran como cosecha.
Así hacemos tangible el recorrido de los ríos voladores, el impulso de los vientos alisios y la potencia de generar frutos que tienen nuestras historias cuando llueven sobre los contextos.
Esta tarea que hemos expuesto para el periodismo científico, es una de las motivaciones principales de este proyecto: acercarnos al suelo, al bosque nativo, al contexto local para mostrar el diálogo de los saberes.
El tender este puente implica un reto no menor: conjugar los tiempos de la ciencia, de las comunidades y del ejercicio periodístico.
Los saberes académicos requieren de tiempos mayores para su desarrollo, el contexto de la pandemia nos demostró o nos recordó que son procesos que no son comunicables a tiempo real, que el intentar explicar cada paso en la urgencia es contraproducente con los principios de precisión y veracidad de la información.
Y, ¿los tiempos del periodismo? En la conexión global en la que vivimos, con los desarrollos tecnológicos que nos han acostumbrado a la inmediatez, el periodismo tiene también las presiones de la urgencia de respuesta. A veces esa inmediatez está marcada por un afán de reconocimiento, de ser el primero en dar la noticia; allí es donde nuevamente el contexto de la pandemia nos cuestiona sobre estas prácticas y sus efectos.
Si bien la generación de información inmediata respondía a la necesidad de las audiencias. Por eso, esa conjugación de tiempos tiene que ver con los dos modos de hacer periodismo científico: lento o rápido.
Es importante, pero no siempre es bien usado. Redactar varias noticias en un día puede verse descrito perfectamente en el cliché “un mar de conocimiento con un centímetro de profundidad”, y sirve para dar contexto de lo que acontece ahora mismo en términos muy generales. Quienes lo practican, deben ser conscientes que así como ventajas, tiene sus riesgos.
Apresurarse puede ser un camino directo a fallar en la interpretación de los hechos científicos o dejar una cobertura incompleta. A veces, la presión del editor, la competencia frente a las redes sociales y medios de comunicación rivales, acaban siendo grandes conspiradores contra la calidad de reporteo.
Esto no significa que reportear velozmente sea malo; tener una noticia antes que otros es una gran ventaja para la visibilidad de tu medio. El principal reto es encontrar el balance entre la logística y recursos humanos con los que cuentas para evitar que se produzcan vicios como la desinformación y la falta de rigurosidad.
En ciencia, el uso de las famosas “últimas noticias” o “noticias de último minuto” (en inglés, breaking news) son raras y debe evaluarse su uso caso por caso. Y si las noticias son cortas y aluden a un avance o investigación en particular, no se puede olvidar el sentido crítico de las mismas.
Ejemplo correcto:
Ejemplo incorrecto (desinformación):
Se le denomina así porque toma tiempo, no se resuelve en un solo informe y su elaboración puede durar desde días a meses.
Por lo general, cuenta con muchas fuentes, una amplia investigación y un equipo posiblemente más grande que el que se requiere para el periodismo rápido. Puede valerse de los formatos informativos, pero también se puede emplear la narrativa y los escenarios cinematográficos (aunque se trate de un relato escrito) e incluso de personajes alrededor de los cuales gira la historia.
Todo periodismo científico necesita del componente crítico, la contrastación de las informaciones, y de la diversidad de fuentes, pero este tipo de periodismo lo requiere aún más. Por ejemplo, un artículo sobre biotecnología, las leyes que la regulan y cómo ésta impacta a los agricultores de un país andino requerirá de más de tres tipos de fuentes representativas: agricultores, tomadores de decisiones (políticos), investigadores expertos en biotecnología y/o innovación agrícola, representantes de agremiaciones del sector, grupos de interés a favor y en contra de los avances.
Un reporte que no incluya a todos los participantes de una problemática, podría quedar incompleto.
Entender la relación entre ambiente y salud es un tema clave para comprender el abanico de temas y enfoques que el periodismo científico debe abordar en la cobertura de temas relacionados a la ciencia. El entrelazamiento entre saberes ancestrales y saberes académicos converge aquí por la relación causal que tiene la degradación del ambiente con la aparición de enfermedades. Desde los saberes ancestrales existe una cosmovisión de relacionamiento armónico con la naturaleza y la comprensión de los ecosistemas como elementos interdependientes que mantienen un equilibrio.
La caza de fauna silvestre con fines alimentarios implica un riesgo importante de transmisión de enfermedades entre especies.
Cerca del 70% de las enfermedades infecciosas humanas son zoonóticas (Wang, 2014).
La deforestación de los bosques tropicales es una de las causas del aumento del contacto entre la vida silvestre y los cazadores (Wolfe, 2004)..
Enfermedades emergentes como el SarS, VIH y varios tipos de gripe han conseguido cruzar a los humanos desde otras especies, fenómeno conocido como salto interespecie (Longdon, 2014).
Se estima que existen entre 631 000 a 827 000 tipos de virus habitando en los mamíferos con capacidad para infectar a los seres humanos (IPBES, 2020).
La degradación del ambiente (destrucción de bosques, comercio de fauna silvestre, expansión agrícola, etc.) pueden considerarse como factores detonantes de futuras pandemias.
La transformación del uso del suelo es responsable de más del 30 % de las nuevas enfermedades notificadas desde 1960 (Loh, 2015).
El tema de ambiente y salud fue transversal a todas las charlas del proyecto de Vientos Alisios, el sustrato con el que se detonaron las conversaciones sobre el rol y las herramientas del periodismo científico. Rescatamos aquí algunas de esas reflexiones para guiar el camino:
El cuidado de la salud consiste en un relacionamiento armónico entre naturaleza, cuerpo, ambiente; no solo corresponde al consumo de un medicamento.
Las comunidades entienden de forma distinta la salud y el bienestar. Tienen contextos territoriales distintos a las ciudades en las que las condiciones de hacinamiento o las dinámicas de sustento de la vida inciden en un ambiente poco sano.
Para hablar de salud, también debemos pensar en la salud del planeta. Preguntarnos, por ejemplo, sobre el papel que juega la contaminación en el impacto a la salud.
La medicina ancestral se centra en la previsión, el fortalecimiento familiar y comunitario, así como la protección al territorio.
Los saberes e intervenciones en salud occidentales deben tener correspondencia con las realidades locales.
El reconocimiento de los saberes ancestrales permite integrarlos al sistema de salud y, con ello, aportar a la salud intercultural, a una salud contextualizada.
El periodismo en salud y científico es el soporte para que la ciudadanía se adhiera a comportamientos que preserven la salud.
El impacto de la pandemia y la necesidad de información al respecto eclipsó a otras dolencias y problemáticas, que terminaron invisibilizadas en muchos de los medios y de la agenda.
Los desarrollos de los saberes ancestrales también funcionaron como una alternativa frente a las brechas de acceso a los sistemas de salud.
Es necesario conjugar las prácticas para mejorar la vida de los territorios.
El periodismo puede y debe recurrir a la información ambiental producida por las comunidades, por los territorios que observan y documentan de cerca los problemas ambientales.
Los problemas de salud y ambiente deben entenderse también desde las dinámicas sociales, apoyándonos en sus ciencias.
Es necesario abordar otros temas y enfoques como el impacto social, sanitario, ambiental, económico para comprender la integralidad de las problemáticas.
Podemos explorar los desarrollos prácticos desde diferentes cosmovisiones, todas ellas aportan elementos para entender y afrontar las realidades.
En los saberes académicos, es necesario entender la pirámide de las fuentes científicas y las experticias temáticas. En los saberes ancestrales, es necesario comprender el sistema organizativo de la comunidad y acercarse a sus autoridades.
El periodismo colaborativo permite que los medios locales que investigan desde los territorios, que muestren las problemáticas respecto a ambiente y salud, y que quienes investigan estas temáticas tengan un soporte mayor para evitar que pongan en riesgo su vida.
El periodismo hiperlocal permite contar las historias cercanas y, por tanto, lograr la identificación contextualizada de las audiencias.
El contacto con fuentes o con líderes de opinión locales aporta a que la audiencia adopte comportamientos para preservar la salud.
Conocer el sistema organizativo de las comunidades permite, también, que la comunicación interna replique la información.
Debemos lograr una colaboración con nuestra audiencia para combatir la desinformación.
Por otro lado, los saberes ancestrales requieren de un tiempo de convivencia, como lo expresó en la primera charla: los métodos de los saberes ancestrales tienen dimensiones que son difíciles de explicar si es que no se viven, haciendo un llamado al periodismo a acercarse y a convivir con las comunidades para entender los contextos locales y culturales.
Esta distinción la presenta como una herramienta imprescindible para conjugar esos tiempos.
El acercamiento a las formas en las que se comprende el ambiente y el rol del ser humano en este es uno de los grandes tópicos a cubrir para explicar las causas de las enfermedades y, también, promover el cuidado del ambiente como una forma de prevención en salud, de evitar otros escenarios como los que vivimos en esta pandemia. Retomamos algunos aspectos clave desarrollados por sobre este tema:
Los vientos alisios soplan para entender que el periodismo debe afrontar problemas globales desde un acercamiento local y contextual. Eso quiere decir que requerimos de enfoques interculturales que nos permitan reconocer los aportes de todas las comunidades en conjunto y entendernos como un ecosistema que tiene sus propias formas de pensar, hacer y gestionar un problema de la magnitud de una pandemia.
Como periodistas debemos reconocer que los conocimientos y formas de gestión de nuestros territorios están permeados por varias fuentes, de las que no pueden quedar fuera los conocimientos ancestrales ni los académicos. Por eso, el periodismo científico debe ser capaz de entender que no se limita a la academia o a las grandes organizaciones, sino que debe incluir de una forma equilibrada y analítica a las diversas formas de aproximación a un problema que se tiene desde cada contexto.
La pandemia por COVID-19 ha implicado una serie de cambios en el comportamiento individual y colectivo global. Además de enfrentar el gran reto a nivel de salud pública, la ciencia y el periodismo encontraron un escenario que exigía un acelerado ritmo de desarrollo, comprensión y elaboración de información para responder las preguntas de la ciudadanía.
Esa es también la savia que alimentó el proyecto de Vientos Alisios, en el que se ahondó en los cambios que esta pandemia insertó y exigió al periodismo científico. Asistimos, entonces, a un tiempo de muchas preguntas e incertidumbre, en el que la forma de comunicar los avances científicos tuvo un giro y el orden de publicación en revistas, discusión entre pares, refutación de resultados e información a la ciudadanía, fue alterado. Aquí la ciudadanía empezó a realizar preguntas al tiempo que la ciencia buscaba las respuestas, y fue el periodismo científico el encargado de trasladar las dudas de las personas hacia la ciencia.
Este es un camino nuevo. En un contexto globalizado e interconectado, el reto implicó traducir lo que sucedía globalmente hacia el modo en que esto afectaba a las comunidades. Requirió que la información llegase a todos los sitios, intentando sortear las brechas de acceso y, por supuesto, implicó entender cómo se entrelazan los conocimientos académicos y ancestrales para dar respuesta a una emergencia sanitaria como la que vivimos.
En el caso de la ciencia, la respuesta con las vacunas renovó el debate sobre cómo el desarrollo científico debe ser considerado como un bien público, dejando libre el conocimiento y los procesos generados para su réplica en otros contextos. Sin duda, este tema atañe a la información, a los procesos de la ciencia académica y a las respuestas requeridas por la comunidad global en situaciones de vulnerabilidad como las que vivimos.
Ciencia, ciudadanía y periodismo se enfrentaron juntos a la desinformación, que en medio de la incertidumbre y de la lentitud de la información oficial, se presentó como un virus más, afectando a los desarrollos de ambas aristas (ciencia académica y ciencia ancestral), poniendo en riesgo los esfuerzos por mitigar la propagación del virus. El periodismo requirió entonces de aplicar métodos de verificación de información más avanzados, exigiendo a la ciencia respuestas más rápidas y cayendo muchas veces en errores que pusieron en duda su ética, su capacidad para dar respuesta y su posibilidad de informar sin causar pánico. Sumado a ello, el periodismo de investigación y de verificación aplicó sus técnicas para ejercer la vigilancia y control de la gestión de la pandemia a niveles locales, nacionales e internacionales, exigiendo transparencia y rendiciones de cuentas.
Este breve recorrido de contexto que presentamos, es el camino que ha tomado Vientos Alisios como proyecto, en búsqueda de acercar a diversos actores y promover un periodismo científico con mayores capacidades de respuesta, en un diálogo permanente entre lo local y lo global.
El modo en el que planeamos la investigación periodística es elemental para abordar estas temáticas complejas que requieren transformar lo técnico en historias que conecten.
Retomando las reflexiones sobre periodismo científico, aquí se ahonda en las técnicas y elementos para hacer una investigación periodística.
Hacer periodismo de investigación y datos permite explicar más y mejor la ciencia, el medio ambiente, la tecnología y la salud.
Las matemáticas en el periodismo de datos nos permiten contar historias con un mayor sustento.
El periodismo de datos, que es investigación en profundidad al servicio de la ciencia, utiliza las herramientas ofrecidas por la tecnología para hacer un trabajo mucho más completo que incluye métodos del periodismo en profundidad, precisión y análisis de los datos.
El periodismo de datos, con sus herramientas y técnicas, permite dar más profundidad a las piezas periodísticas.
El periodismo de investigación y datos vinculado a la ciencia nos conduce a un universo de verdades que se unifican a partir de las piezas fragmentadas que son los datos, los cuales, tras ser analizados e interpretados, van más allá de una simple declaración y mucho más lejos que la denuncia.
El periodista científico es clave en la cadena de transmisión y traducción de complejos temas a las audiencias.
Una investigación y construcción rigurosa, comprensible y de calidad aporta al desarrollo social de los pueblos.
Existen cuatro tipos de fuentes: el experto, el sabio, el documentador y el personaje (que nos ayuda a contar la historia). Estas cuatro fuentes nos permiten llegar a diferentes niveles de comprensión.
El periodismo de investigación local nos permite poner en agenda problemas que el gobierno no identifica.
La planeación de lo que queremos contar y cómo es lo que nos da las pistas sobre cuáles son nuestras fuentes de información.
Necesitamos crear centros de investigación sobre el proceso científico ancestral.
Investigar en comunidades implica convivir con ellas, entender desde sus vivencias y modos de hacer para informar con precisión y contexto.
El periodismo local aporta contexto, con historias diferentes a las que cubren grandes medios y que visibilizan problemas locales.
El periodismo nos conecta a mundos que no conocemos, a otras realidades.
Al poner en conflicto las contradicciones, debemos respetar las proporciones y los pesos de la información, evitar los falsos equilibrios.
Requerimos de un periodismo lento que pueda analizar y cuestionar también a la ciencia.
En ocasiones, por no perder la oportunidad de la inmediatez recurrimos a pre-prints, pero estos desvirtúan la seriedad de la información. Hay que saber equilibrar y analizar la necesidad real de hacer un pre-print.
El periodismo de investigación, desde su compromiso social, debe plantearse la solidaridad como un principio y eso incluye ponerse en los zapatos de la audiencia para evitar generar pánico o más ansiedad.
El periodismo de investigación se ha centrado en la denuncia, en lo político. Hace falta que se acerque a la ciencia y a la salud para explicar los fenómenos desde su experticia para traducir la información.
Los datos, al analizarlos y cruzarlos, nos permiten encontrar el hilo conductor de nuestra historia.
La principal fuente de temas a investigar en temas de salud es el usuario.
El periodismo de soluciones permite que no nos quedemos solo en la denuncia, sino que mostremos las posibles soluciones que grupos o comunidades están implementando.
La profundidad que consigue el periodismo de datos permite conectar a las audiencias que buscan responsabilidad comunicativa y senderos de orientación ante tanta infodemia, infoxicación y/o desinformación.
Hay que saber distinguir entre los grupos que promueven la desinformación y la audiencia que tiene dudas legítimas, así contrarrestamos a los primeros sin dejar de atender a los segundos.
Conocer las creencias, miedos y sesgos de nuestras audiencias nos permite enfocar la investigación periodística para resolver sus dudas y combatir la desinformación. La audiencia llega donde encuentra respuestas sustentadas, claras e interesantes, a las historias que informan desde la comprensión de sus necesidades y no desde el ataque a sus creencias.
Si bien la pandemia ha favorecido al interés de las audiencias sobre la ciencia y la salud, esta no es una constante y las distancias generadas con la academia o con temas técnicos son barreras para ejercer esta subespecialidad del periodismo de investigación.
¿Cómo logramos cautivar al público entre la cantidad masiva de información y entretenimiento? Los lenguajes y formatos, al igual que la ciencia, son dinámicos y experimentar con ellos sin sacrificar la esencia rigurosa de la labor periodística es una de las claves para mantener la capacidad de asombro.
Necesitamos distintas aproximaciones para entender cómo competir con toda la información dispuesta para el consumo. Hay que analizar desde distintas aproximaciones; cuáles están viendo el panorama con un punto de vista crítico y otras para entender por qué la gente piensa como piensa, sus intereses y la manera de producir y consumir información.
Hace falta deconstruir el mito de que la ciencia es aislada y que trae en su baúl verdades absolutas y soluciones deterministas. Esto requiere mostrar cómo une diversas disciplinas y áreas del conocimiento como las ciencias sociales, la política y la sociedad.
Hay que explicar a las audiencias cómo funciona la ciencia para poder acercarla a ella, para transparentar el proceso científico.
Un elemento central es devolver, desde el periodismo, la capacidad de asombro, de cuestionamiento, de pregunta de las audiencias para reconectarla a lo científico.
Las narrativas son imprescindibles para evocar emociones, inducir a preguntas y que permitan que el público se identifique con la información.
Sin perder rigurosidad, el explorar formatos y lenguajes que se salgan de lo común conecta con la ciudadanía. Entender sus consumos y apropiaciones de información es una clave para entender qué posibilidades tenemos según los contextos para generar esos vínculos.
El conocimiento tiene un vínculo fundamental con la emoción. Si el periodismo pretende que aquello que informa vaya más allá de la mera transmisión de información, debe contar una historia que refleje el sentido de por qué lo hace, de cuál es el contexto de aquello sobre lo que informa.
Contar historias es tan fundamental como la investigación científica, porque estas tienen un superpoder: el de la conexión, el de la común unión.
“La conexión del mundo emocional con el proceso de aprendizaje es de tal envergadura que es como imaginar que yo puedo dar un paso adelante y que el resto del cuerpo no se mueva (de hecho, la raíz de la palabra emoción es motere, el verbo latino 'mover' además del prefijo e, que indica extensión o dilatación, lo que sugiere que en toda emoción hay implícita una tendencia a actuar). La toma de decisiones, el aprendizaje, la atención y la creatividad tienen una conexión directa con el sistema límbico. Por eso, una persona que se sienta segura, valorada y querida, inevitablemente va a analizar mejor, aprenderá más rápido, recordará con mayor precisión y será más creativa”, afirma Mario Alonso Puig, médico catalán que durante 26 años ejerció como cirujano en distintas partes del mundo hasta convertirse en un maestro de la comunicación.
Es importante reconocer el lenguaje comunitario, traducir los tecnicismos de la ciencia a ejemplos concretos, a historias cercanas.
Una forma de conectar con las audiencias es entender lo cotidiano y contar la ciencia desde allí.
La identificación juega un rol muy importante en el periodismo de ciencia, por eso debemos buscar generarla con la historia, con el lenguaje y con el formato.
El contexto de la audiencia nos da pistas sobre los formatos: al integrarnos a las dinámicas de la comunidad nos permite entender sus modos de contar, sus técnicas comunicativas. Algunas de ellas son las historias de vida, los dramatizados, los cuentos.
Simplificar el lenguaje nos permite amplificar el mensaje. Conectarnos con el lenguaje habitual de la audiencia es clave.
Tres pasos para lograr el interés: 1. hacer un diagnóstico territorial, 2. estar en sintonía con el lenguaje y 3. crear un sistema de diálogo con la comunidad.
Podemos identificar lo que subyace a una vivencia personal para encontrar preguntas e inquietudes comunes.
Tenemos que considerar que la información ahora es un commodity, por eso hay que agregarle valor con análisis, verificación, contexto y perspectiva.
La escritura, la forma de la escritura es también importante. Se puede contar historias por medio de anécdotas y también de escenas.
Los medios propios dan mayor capacidad de maniobra para cubrir lo que uno requiera.
Es importante el uso de analogías, de metáforas que expliquen mejor un fenómeno. A una entrevistada se lo ocurrió fue decir: “imagínese que nuestro cuerpo es como un castillo y nuestro sistema inmune es como ese ejército que tenemos y la vacuna es como un emisario que viene de otro reino a decirnos: oiga, pilas están invadiendo reinos por ahí, necesito que usted tenga en cuenta esta información para que se monte en caballos, tenga escudos especiales, tenga espadas particulares y pueda estar preparado”.
El escenario creativo no necesariamente es digital, además de que hay brechas de acceso y no siempre es posible. En el caso del trabajo con una comunidad, pedimos a los niños que dibujasen las gráficas de datos, lo que nos permitió también entender cómo visualizan los otros los datos que hemos recolectado, cómo lo representan.
Por más que se trate de periodismo científico, los formatos no necesariamente deben ser extensos. Se pueden explorar formatos cortos, gráficos o híbridos.
Se puede apelar a otros recursos como los paisajes sonoros o los mismos sonidos de ambiente.
“Existen distintas posibilidades de acercar las historias de ciencia con anécdotas, escenas, detalles, imágenes que enriquezcan el relato y también contando la ciencia como un proceso, explicando cómo se hace de manera que compartamos esa idea de que las teorías científicas son verdades inamovibles” (Resumen de María Clara Valencia).
El conocer cómo es la comunidad, cuáles son sus fuentes y líderes de opinión, cuáles son sus problemáticas nos permite hacernos imprescindibles.
Contar historias cercanas tendrá mayor posibilidad de generar identificación.
El periodismo también tiene que permitir conectar a actores de una problemática, ser puente entre los diferentes actores permite generar confianza en la comunidad.
Debemos indagar en los canales de comunicación propios del contexto. En algunos casos serán grupos de WhatsApp, en otras el sistema organizativo de comunicación de un pueblo indígena.
Conocer las formas de consumo de información de nuestras audiencias las implica en nuestro trabajo.
Podemos explorar junto con nuestra audiencia nuevos formatos, probarlos. En el caso de cómo llegar a comunidades, el integrar sus propias formas de comunicación les permite ser partícipes y replicar.
Para plantar las semillas conceptuales, recurrimos a un punteo de las expertas y .
La audiencia también nos ayuda a hacer periodismo, poniéndonos en contexto de las problemáticas que tiene. Un ejemplo es la experiencia de las cartas de pacientes en Perú contando sobre los servicios interrumpidos por la pandemia, lo que permitió desarrollar el proyecto .
En esta sección desglosamos los apuntes de y de sobre este tema.
Es muy útil apoyarnos en herramientas digitales como las líneas del tiempo o los mapas de historias. Muchas de ellas son de uso libre, como las de .
La verificación o fact-checking es a la vez una técnica y un género periodístico. Es un periodismo posterior a la circulación de información, declaraciones o piezas periodísticas.
Hay tres aspectos clave que nos permiten identificar información a verificar: los titulares muy llamativos, tenemos que ver qué hay detrás de ellos. Verificar las gráficas y fotografías, si se condicen con la realidad y el contexto. Verificar las fuentes, recurriendo a artículos de investigación o a las últimas informaciones publicadas respecto de un tema.
Las bases de datos tienen que contrastarse con la realidad. Los datos pueden mostrar conclusiones que tienen lógica, pero que cambian al mirar la realidad. Hay que contrastarlas con fuentes humanas.
Es necesario contextualizar los escenarios en que se genera la información: la ubicación, los liderazgos, la experticia, los reconocimientos y validación de los saberes.
La verificación debe hacerse en toda información, incluidas las cosmogonías. Hay que tener especial cuidado con los mercaderes de soluciones mágicas, que aprovechan el miedo, la ignorancia y que promueven la discriminación. Esto hace daño a ambos saberes, porque los mezclan sin estar anclados a ninguno.
La verificación permite orientar y acompañar las dudas de las comunidades frente a información no accesible.
El chequear la información va por encima de la inmediatez. Aunque la respuesta rápida permite contrarrestar a la desinformación que comienza a viralizarse, hay que equilibrar y definir cuándo se le da prioridad a la rapidez.
La desconexión de políticos y científicos con las audiencias, así como el descrédito de los medios, son un caldo de cultivo para generar desinformación.
Hay que mantener la perspectiva de que el periodismo no va a estar libre de errores y que no vamos a poder verificarlo todo, pero que esas no pueden ser limitaciones para hacer periodismo.
Existe un reconocimiento de la labor de verificación. El fact-checking busca elevar el costo político de mentir.
Podemos anticiparnos a contextos o procesos para responder más rápido.
Conocer fuentes o contactos de confianza es imprescindible, ya que nos ayudan a verificar de forma más rápida.
La verificación puede ser realizada por cualquier organización o medio local. Necesitamos de ojos y oídos verificadores en todas partes, para combatir la desinformación y ganar la credibilidad de las audiencias.
Cuando verificamos, es importante tener empatía y comprender porqué cala la desinformación, cuáles son los elementos que hacen que las personas piensen de esa manera.
Es necesario poner a dialogar la información discordante antes que confrontar o atacar, eso cierra las posibilidades de escucha de la audiencia.
El trabajo en Vientos Alisios ha permitido ampliar la mirada y diversificarla para abordar, desde la comunicación, las múltiples consecuencias que trae la expansión de un virus como el del Covid-19, y las múltiples maneras de hacerles frente, teniendo en cuenta tanto los saberes de las ciencias occidentales como de los conocimientos tradicionales, y acercando la lupa a las necesidades y realidades de comunidades diversas. Bajo estas nociones, se generaron espacios variados de aprendizaje, no solo alrededor del tema mismo del periodismo científico, sino también respecto al proceso de la reportería, la creación de historias y la edición de las mismas, así como el énfasis en el rigor y el chequeo de la información; insumos y reflexiones que compartimos por medio de esta guía para potenciar el trabajo de otros comunicadores y comunicadoras.
Seguir creando historias, además de las que ya hemos publicado, nos plantea el reto de mantener en la agenda los temas de salud y de ciencia, imprescindible para que las comunidades tomen mejores decisiones en su beneficio y en beneficio del planeta. Además, permitirá generar mejores reflexiones en torno a los temas fundamentales para su salud y su supervivencia.
La semilla sembrada por Vientos Alisios permitirá a los y las comunicadoras reportear a profundidad sobre temas relacionados con el periodismo científico y en especial de salud, aproximándose a distintos saberes y formas de ver el mundo para que la cosecha de historias sea útil para las comunidades locales. A su vez, los diálogos durante el proceso permitieron conectar a quienes participaron, para que en el futuro puedan pensar en proyectos conjuntos y puedan abordar los temas desde distintos territorios.
Con este enfoque, esperamos que tanto el proceso como la guía permitan encontrar nuevas historias de periodismo científico en los territorios, propiciando el diálogo entre las distintas formas del conocimiento. Creemos que quienes participaron del proceso no volverán a pensar que las únicas fuentes válidas sean las académicas, sino que están en las propias comunidades y que es posible darles voz si el trabajo es riguroso.
Si bien el proyecto de Vientos Alisios termina aquí, las redes creadas durante el proceso permitirán seguir profundizando en temas de salud que vinculen perspectivas como las afectaciones particulares de comunidades vulnerables, el medio ambiente, las carencias de los sistemas de salud o la medicina tradicional. Hacia futuro avizoramos, además, posibilidades de trabajo colaborativo que permitan ampliar la mirada y profundizar sobre los múltiples desafíos que enfrentamos como humanidad. Además, el periodismo científico que aborda la temática de medio ambiente, es un tema que genera interés y en el que DW Akademie seguirá trabajando, lo que permite abrir un campo vasto de posibilidades de creación de contenidos y escritura de historias por quienes participaron y también por quienes explorarán esta guía.
Esperamos, entonces, que la guía sea útil para comunicadores y comunicadoras que tienen interés en abordar los temas de ciencia y salud con múltiples perspectivas, creando nuevas historias con suficiente análisis y profundidad, que sean útiles para las comunidades. La guía nos muestra unas rutas importantes para cumplir con estos retos:
Encontrar posibilidades para hacer sus propias historias de periodismo científico.
Identificar a la guía misma como herramienta para crear colectivamente.
Valorar y validar sus propios saberes al sentirse autoras y autores de la guía.
Reflexionar sobre las diferentes formas de leer la pandemia, y la salud misma en su conexión con otros temas: medio ambiente, economía, cultura, políticas publicas, etc.
Mantener el diálogo sobre las distintas formas del conocimiento.
Defender que el periodismo científico está más allá de la noción de ciencia occidental.
Uno de los mayores aprendizajes de este proceso de formación es el de valorar y exaltar los saberes tradicionales para hacerle frente a los enormes desafíos que enfrenta la humanidad. A través del diálogo, hemos logrado acercarnos a los terrenos por donde las relaciones espirituales entre la humanidad y la naturaleza proveen maneras de sanar con el uso de rituales, de semillas y de plantas, se abona la tierra para alistar cosechas de historias conscientes de las particularidades locales y de las fortalezas que implica la conjunción de saberes (del sur global y de occidente) para tratar la salud en un mundo diverso.
La guía recoge esos diálogos con los que comunicadores y comunicadoras podrán acercar los conocimientos, tanto los que provienen de las ciencias occidentales, como los de las comunidades apartadas del sur global que, en muchas ocasiones, se entrecruzan en el camino del saber. Ese diálogo de saberes permitirá hacer historias más plurales, para dar una mejor respuesta a las necesidades de distintas poblaciones.
Desde octubre de 2021, los Vientos Alisios soplaron para generar diálogos que permitieran mejorar el cubrimiento de la pandemia por Covid-19 en los medios comunitarios y brindar herramientas para hacer periodismo científico, en el diálogo entre saberes distintos, tanto científicos como ancestrales.
La mayor parte de personas participantes se acercaban por primera vez al periodismo científico, razón por la cual enfrentaron el desafío de transitar entre distintas formas de conocimiento, para reportear y contar historias bien narradas y verificadas con información útil para sus comunidades. Los y las participantes, además, tuvieron que sortear las dificultades de recabar información en medio de las restricciones de movilidad por la pandemia.
Además de las historias, la cosecha de los Vientos Alisios son las preguntas, los interrogantes, las dudas, las propuestas de solución respecto al periodismo científico, la conjugación de saberes, las estrategias de los medios locales para cubrir la pandemia.
De las conversaciones en las sesiones de trabajo tanto de la primera como de la segunda fase, y de los debates, aportes y preguntas de cada participante o del grupo de expertas y expertos que acompañaron el proceso surge esta Guía de periodismo científico con la intención de dar algunas herramientas para los medios locales, abrir debates y propiciar el trabajo de periodismo científico en los medios locales y comunitarios.
Nos permite cumplir con el compromiso del derecho a la información, porque, por ejemplo, en Colombia está respaldado por el . Difundir información falsa, imprecisa o errónea atenta contra ese derecho y afecta la toma de decisiones con fundamento por parte de los ciudadanos.
Entre 2007 y 2014 aparecieron 44 sitios web dedicados al fact checking en 20 países. En 2014 se creó la , IFCN, por sus siglas en inglés, que se lanzó en Londres, Inglaterra, durante la primera cumbre mundial de chequeadores, Global Fact, en la cual participaron los 48 medios dedicados a la comprobación de datos.
La verificación de datos tiene un y unas metodologías validadas por la IFCN (International Fact-Checking Network)
Para cerrar la guía, creemos que es importante contar aquellas posibilidades que han crecido con el proyecto, aquellos frutos para cosechar y para cuidar nuevas semillas que permitan nuevos ciclos. En estos párrafos, entonces, avistamos las posibilidades y los desafíos de abordar los temas desde el contexto nativo, engranando en el periodismo la ciencia occidental y la ciencia ancestral. Pensamos en los desafíos como semillas nuevas que necesitan del periodismo científico como una fuente de hidratación para crecer.
Más allá del aprendizaje, los vientos permitieron con el acompañamiento de las expertas y los expertos, en las que la reportería ha sido nutrida con saberes y distintas perspectivas que tienen en cuenta las particularidades de las comunidades. Para varios de los y las participantes esta ha sido la primera aproximación al periodismo científico, afianzado en la asesoría sobre la búsqueda de fuentes, de los mejores enfoques, en los tejidos de la escritura y edición, y en el trabajo de verificación de la información para garantizar la mejor calidad posible en las historias.
Un grupo de 80 comunicadores comunitarios y comunicadoras comunitarias de Colombia, Perú y Ecuador hicieron parte del programa de formación en periodismo científico y participaron como coautores y coautoras de esta guía. Los y las participantes llegaron al curso tras una convocatoria de apoyada por sus socios (, , , , y ), quienes conforman la Alianza Ríos voladores.
La primera fase del curso tuvosobre las distintas formas de conocimiento, el periodismo científico, las herramientas de investigación periodística, la relación salud y medio ambiente, los lenguajes y formatos, y la verificación de datos.
Con los elementos de las charlas, debates y procesos de autoevaluación, 32 participantes presentaron propuestas de historias, que fueron evaluadas por el grupo de expertos y expertas y de las cuales se seleccionaron 12 para continuar a una segunda fase, durante la cual, con acompañamiento de expertos y expertas profundizaron en las técnicas de reportería, definición de formatos de trabajo, herramientas de chequeo y verificación, las y los participantes terminaron sus historias, .
Ofelia trabaja en el rescate y la transmisión de los saberes ancestrales, chacras ancestrales y preparación de medicinas, entre ellas, algunas para combatir el Covid 19.
Ha publicado sus artículos en medios en español como El Comercio, RTP, El Espectador, El Español. Fue becario del Congreso Mundial de Periodismo Científico en 2019 (Lausana Suiza) y también fue becario del programa 2019 del Centro Internacional para el periodismo ICFJ y del departamento de Estado en Washington Estados Unidos.
Indígena del pueblo yanacona, ubicado en el suroccidente de Colombia. Enfermera, especialista en administración de salud y en gestión y evaluación de proyectos para el desarrollo social, además es diplomada en salud intercultural.
Durante la pandemia ha usado sus redes sociales como un espacio de pedagogía para el público en general.
Lideresa de la comunidad quichua de unión base comuna San Jacinto del Pindo en Pastasa, Amazonía ecuatoriana.
Periodista y coautora del libro de Vivir para Crear, Crear para Vivir y del libro empresarial Bitácora de una multilatina de la estrategia Nutresa. Amira se ha especializado en el periodismo escrito, cubriendo para medios como Reuters, AFP, El Espectador o Cambio. Ha trabajado para revistas de divulgación científica como la de la Universidad Javeriana, la Universidad del Rosario y Manizales de Colombia y también ha desarrollado investigación y producción documental para canales como Discovery Channel, la National Geographic y PBS.
Periodista de la Universidad Autónoma de Occidente en Cali, Magíster en análisis de problemas políticos, económicos e internacionales de la Universidad Externado de Colombia. Con más de 10 años de experiencia en periodismo, ha trabajado en temas de orden público y medio ambiente.
Fundadora y directora del . Es asesora en salud pública y miembro del comité de expertos de la Organización Mundial de la Salud en temas de seguridad de medicamentos.
Lideresa indígena de la nacionalidad kichwa de la amazonia del Ecuador desde 1990. Ofelia ha participado en la y entre 2004 y 2010 fue miembro de la dirigencia de la asociación.
Directivo de la ; periodista y editor jefe del medio digital , un portal de noticias de ciencia y tecnología para América Latina.
Comunicadora científica, cofundadora y coordinadora de una comunidad de divulgadores de conocimiento científico y ancestral en el Ecuador. Actualmente, es docente universitaria en la carrera de periodismo de la Universidad UTE en Ecuador y presentadora del programa de divulgación científica de la Fundación Telefónica Movistar en Ecuador.
Periodista, editora y profesora, miembro del equipo . Ginna es directora de la maestría periodismo científico de la Pontificia Universidad Javeriana, es entrenadora de DW Akademie y maestra de la . Ginna es autora de los libros Tierra de Sangre, memoria de las víctimas y Córdoba, una tierra que suena. Además es coautora de textos metodológicos para el abordaje de diversos temas y conflictos sociales desde el periodismo de investigación y de datos. Es fundadora de , la Asociación de Periodismo de Investigación de Colombia, socia de DW Akademie, y creadora y editora de la Unidad de Datos de El Tiempo en Colombia. Además, fue editora de la.
Periodista, directora y fundadora de el primer sitio digital especializado en periodismo de investigación en salud pública en América Latina. Desde 2017, integra el , por su participación en las series globales Panamá papers.
En 2020 hizo parte del grupo de docentes de la Maestría de Periodismo Científico de la Universidad Javeriana en Colombia y entre 2014 y 2018 fue editora, cofundadora de .
Yaneth lleva 22 años facilitando procesos de administración y gestión de la salud, especialmente con la población indígena a través del en Colombia. Ella ha acompañado la sistematización, consolidación y operatividad de la política de salud de los pueblos indígenas en el campo y ha acompañado procesos de salud intercultural.
Profesor de posgrados en las áreas de cambio climático y salud ambiental de la Universidad Javeriana y también la Universidad del Rosario en Colombia. Director de la ONG y coordina un equipo de médicos voluntarios que viajan a las zonas más apartadas de Colombia llevando equipos médicos y ayuda humanitaria.
Indira es Ingeniera de Turismo de la Universidad Estatal Amazónica y se ha educado en centros interculturales bilingües. Es promotora de salud intercultural en la dirigencia de la mujer y salud de la organización indígena en Ecuador y es conocedora de la sabiduría ancestral y gestora independiente de la cultura.
Además, es miembro de que es la iniciativa de comunicaciones de la CONFENIAE.
Se define como un itinerante serio, Efraín es biólogo con maestría en Periodismo de la Universidad de los Andes de Colombia. Es periodista y comunicador de la ciencia, con especial interés por involucrar el pensamiento científico en contextos sociales. Él ha sido periodista en temas de salud, ciencia y cambio climático en medios como La Silla Vacía y Todo es Ciencia, además ha colaborado en otros medios como 070, que es una publicación de la Universidad de los Andes, el Malpensante y El Espectador. Efraín es el creador y co-fundador de.
Fue editor general de la revista Semana Sostenible y desde hace más de tres años es editor para Colombia y Ecuador del portal especializado en medio ambiente . En 2015, Antonio recibió el premio nacional de periodismo ambiental por uno de los reportajes sobre minería ilegal del especial No todo lo que brilla es oro, publicado en Semana Sostenible.
Director del proyecto de chequeo de datos que lidera Consejo de Redacción, un socio de DW Akademie en Colombia.
Jeanfreddy tiene 15 años de experiencia como reportero y facilitador de periodismo ambiental de datos y fact-checking, él tiene un diplomado en periodismo de la Universidad Tecnológica de Monterrey en México y desde 2015 está especializado en el tema de chequeo de datos. Ha sido corresponsal de Mongabay Latam y de Diálogo Chino para Venezuela. También fue director de la Unidad de Datos y Fact Checking de , y además es cofundador de , el primer medio de chequeo de datos de Venezuela.
Jeanfreddy además fue co-ganador del premio Gabriel García Márquez como visualizador de datos por el reportaje que se publicó en alianza de Efecto Cocuyo y el periódico El Tiempo de Colombia.
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